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Categoría: Serie Nutrición y COVID 19, una mirada estudiantil

Brandon Barrantes Zeledón

NU-2005 Introducción al Campo Profesional de la Nutrición

I- Semestre 2020

 

El ámbito alimentario se encuentra en constante evolución. A finales del 2019, y hasta el día de hoy, una pandemia mundial azota al planeta, causando incertidumbre y cambios forzados en nuestra vida diaria, y está claro que existen pocas cosas tan elementales como la alimentación en nuestro día a día.

Meses después del primer caso registrado de este virus las preguntas están en el aire, ¿cómo afectará esto al mercado global de alimentos y la producción alimentaria?, ¿pueden estos cambios afectar las dinámicas de alimentación de las personas?, ¿el desenlace de las consecuencias pueden llegar a afectarme?. Es cierto que algunas de estas preguntas no tienen respuesta certera, pero el objetivo es abordarlas de la mejor manera con hechos registrados hasta la fecha, evitando pánico innecesario más allá de la realidad actual.

El COVID-19 ha propiciado cambios acelerados en todo el mundo, desde su llegada en noviembre del 2019, y a pesar de que muchos países se han adaptado para minimizar los daños, es innegable que muchas cosas han cambiado. Como toda pandemia llegará el punto de descenso, aunque el cálculo de cuando sucederá es impreciso, pero lo cierto es que tanto el suministro como la demanda de alimentos han sufrido diversos cambios.

No está muy alejado de la realidad pensar que en las condiciones actuales nos podríamos enfrentar con una crisis alimentaria a nivel global. Los cierres de fronteras, dificultades en la importación y exportación, además de la condición de cuarentena, podrían ser indicios de esta. Tal como lo ha señalado la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL, 2020) “La pandemia del coronavirus (COVID-19) impacta a las economías de América Latina y el Caribe a través de factores externos e internos cuyo efecto conjunto conducirá a la peor contracción que la región ha sufrido en 1914 y 1930.”

Es importante recalcar que una crisis alimentaria, puede, o no, ser a nivel global. En este ensayo se evaluarán poblaciones especificas con el objetivo de medir el impacto provocado por la pandemia, tanto en sectores desarrollados, así cómo en poblaciones en riesgo.

Las consecuencias originadas por el virus han causado un descenso en la variedad y calidad de la alimentación a la que muchas personas del globo tenían con anterioridad. Los países más afectados por el virus son aquellos que presentan una elevada densidad poblacional y/o un sistema de salud insuficiente; a menudo son los países que aún antes de la crisis ya sufrían problemas alimentarios y nutricionales, los cuales no hicieron más que empeorar su situación con la llegada de la pandemia. Los países agroexportadores o aquellos que tenían una dependencia a otros países en cuestión de importaciones agrícolas se han visto ciertamente afectados por las nuevas condiciones de mercado global. Según un análisis de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, 2020):

“En ausencia de políticas oportunas y eficaces, es probable que millones de personas más acaben sumándose a las víctimas del hambre como consecuencia de la recesión provocada por la COVID-19. Esa cifra variará en función de la gravedad de las contracciones económicas, y oscilará entre 14,4 millones y 38,2 millones, o incluso 80,3 millones más de personas que sufrirán hambre en caso de que se produzca una contracción de 2, 5 ó 10 puntos porcentuales, respectivamente, en el crecimiento del PIB de los 101 países importadores netos de alimentos.”

No solo los agricultores de América Latina verán sus ganancias disminuir notoriamente, sino que esta baja en exportaciones de alimentos naturales podría llevar a un posible incremento en el consumo de productos procesados industrialmente en un corto plazo, principalmente en los países más desarrollados que de la misma manera cuentan, generalmente, con mayores problemas de salud y obesidad a causa de una alimentación deficiente. Lo anterior, debido a que los productos no naturales, están muy por debajo en la calidad nutricional con respecto a los naturales.

Complementando lo anterior, el sector pesquero, especialmente en países como Chile, Perú y México, son abatidos por la pandemia y se enfrentan a las nuevas normas de sanidad que les limita su distribución. Cabe destacar su importancia debido a que el pescado es una de las mayores fuentes de proteína animal consumidas en el mundo. Según la FAO (2020):

Por ejemplo, el pescado proporciona más del 20 por ciento de la ingesta media per cápita de proteínas animales para 3 000 millones de personas, más del 50 por ciento en algunos de los países menos desarrollados, y es uno de los productos alimenticios más comercializados a nivel mundial. Así pues, se prevé que haya consecuencias importantes en los medios de vida de las comunidades de pescadores, y en la seguridad alimentaria, la nutrición y el comercio.” (FAO, 2020)

A pesar de los problemas ocasionados a la cadena de suministro de alimentos naturales por la pandemia , y la reciente dificultad de transportar estos, es evitable una crisis alimentaria que puede afectar de manera significativa a los países latinoamericanos. La crisis actual no tendría porqué convertirse en la crisis alimentaria mundial sufrida en el 2008; puesto que los mercados globales se han mantenido estables y, a priori, hay alimentos para todos, eso sí para todos los que puedan pagar por ellos, con lo cual el tema de soberanía alimentaria surge como una preocupación en el contexto actual.

Los sectores más vulnerables de la región que cuentan con apoyo social alimentario, brindado por organizaciones como la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, o en general cualquier iniciativa pública de distribución de alimentos gratuitos para los menos favorecidos, pueden verse gravemente afectada por los tiempos de pandemia.

No es ningún secreto la crisis económica desatada por la COVID-19, el desempleo repentino, la disminución de oportunidades y el descenso de éstas ha favorecido, en parte, el empobrecimiento de la región y de millones de latinoamericanos y personas alrededor del mundo, lo cual puede ocasionar un auge alarmante en el hambre, puesto que muchas personas no cuentan con los recursos suficientes para una óptima alimentación.

De acuerdo con la Organización de Naciones Unidas (2020): “Si no se toman medidas 10 millones de personas más podrían ser empujadas a la pobreza y el hambre en 11 países de la región. Aún hay tiempo de evitar que millones de personas en la región sufran, advierte la agencia de alimentación de la ONU, que pide ayuda urgente.”

De la misma manera, el acceso a mercados o ferias donde normalmente se adquieren productos naturales, ha se ha visto restringido en gran medida, lo cual además de afectar la economía de los pequeños productores de la región, ha sido la excusa perfecta para adquirir en mayor medida productos más procesados que presentan un pobre valor nutricional, además de una posible alza en el consumo de comida rápida en la vida diaria, así como el aumento en el consumo de alcohol y otras drogas.

Los servicios express no siempre cuentan con la sanidad y los parámetros específicos para la correcta manipulación y distribución de alimentos, en especial en el caso de aquellos establecimientos que no contaban con este tipo de servicio anteriormente, o bien emergen en medio de la crisis con poco conocimiento del manejo de alimentos y recursos para asegurar inocuidad. Ello puede traer graves problemas a la salud pública.

El mundo entero se ha tenido que adaptar de manera forzosa al brote de COVID-19, y América Latina no es la excepción. Si bien no estamos en una crisis alimentaria que pueda poner en riesgo a todos, hay quienes sufren ya las consecuencias; de hecho muchos focos de población ya sufrían el embate de la pobreza y malnutrición desde antes de la pandemia. No todo es negro, ni tampoco lo es blanco, un tono gris se cierne sobre la región mientras los gobiernos y fundaciones de ayuda se esfuerzan por apoyar a los ciudadanos en el contexto de crisis.

La situación es desfavorable para los pequeños productores, pero con el por venir descenso en casos de la pandemia, los mercados podrán reabrir con las debidas normas de distanciamiento personal. A pesar de no tener datos concretos en este momento, se puede prever un alza en la obesidad en la región, impulsada por el estado de cuarentena y el incremento en la demanda de comida rápida y alimentos procesados industrialmente de bajo valor nutricional, el alcohol y el descenso en el consumo de frutas y verduras.

La situación actual posee demasiados alti-bajos, lo cual hace difícil saber que pasará en un futuro, lo que es verdad es que si actuamos de la mejor manera en nuestras comunidades, país y región, una crisis alimentaria puede ser evitable con el apoyo mutuo para mantener un balance adecuado en la nutrición de todos.

Referencias

CEPAL. (2020). Pandemia del COVID-19 llevará a la mayor contracción de la actividad económica en la historia de la región: caerá -5,3% en 2020 | Comunicado de prensa | Comisión Económica para América Latina y el Caribe. Recuperado de https://www.cepal.org/es/comunicados/pandemia-covid-19-llevara-la-mayor-contraccion-la-actividad-economica-la-historia-la

FAO. (2020). Preguntas frecuentes: pandemia del COVID-19, su impacto en la alimentación y la agricultura. Recuperado de http://www.fao.org/2019-ncov/q-and-a/impact-on-food-and-agriculture/es/

ONU. (2020, 2 junio). Una pandemia de hambre amenaza a América Latina por la crisis del. Recuperado de https://news.un.org/es/story/2020/05/1475122

Ensayo elaborado como requisito del curso NU-2005 Introducción al Campo Profesional de la Nutrición de la Escuela de Nutrición, I semestre 2020. Revisión y edición por la Msc. Patricia Sedó Masís, docente.