¿A qué se refiere esta celebración?

La Semana Nacional de la Nutrición fue creada por decreto ejecutivo No. 2049- SPPS en 1972, y se celebra todos los años en la segunda semana del de mayo, coincidente con el 15 de mayo, momento en el que también se festeja el Día Nacional de la Agricultura y Agricultor, y la fiesta católica de San Isidro Labrador, santo patrono de los Agricultores. Esta actividad estableció con el objetivo de contar con un espacio para la reflexión sobre la situación alimentaria y nutricional, y promover acciones desde diferentes ámbitos. Todo lo anterior en reconocimiento de la nutrición como un pilar de la calidad de vida y desarrollo humano, y el fomento de estilos de alimentación saludables (Ministerio de Salud, 2021). De esta forma, diversas entidades vinculadas con la salud, educación y nutrición del país, tales como centros educativos, servicios de salud, comedores comunitarios, universidades, municipalidades, programas comunitarios y otros, distribuidos en todo el territorio nacional, se unen a la celebración, y realizan variadas actividades durante la semana conmemorativa.

¿Cuál es el lema para el 2021?

Cada año la Comisión Intersectorial de Guías Alimentarias, integrada por diferentes instancias nacionales y coordinada por el Ministerio de Salud, elige un lema acorde con los retos nacionales e internacionales para el fomento de una buena nutrición. En el presente año, tomando en cuenta el contexto de la pandemia y los retos actuales y futuros, el lema seleccionado es: “Un sistema alimentario sostenible y saludable para la protección de tu salud”. Este lema es propicio por la situación que actualmente se vive, incluyendo los problemas alimentarios y nutricionales prevalecientes, los cuales se han vuelto cada día más complejos y graves a raíz de la pandemia de COVID-19.

Y es que no sólo los problemas de inseguridad alimentaria que se viven actualmente se relacionan con la crisis sanitaria, dado que desde antes, diversos sectores del país sufren afectaciones socio económicas, principalmente las poblaciones más vulnerables, lo cual se ha agravado con la emergencia de la COVID-19. Es por tal razón que en el contexto de celebración de la Semana Nacional de la Nutrición en el presente año, es altamente relevante reflexionar acerca de la situación alimentaria y nutricional que vivimos, y cómo asegurar, entre todos, un sistema alimentario más sostenible y saludable.

¿Qué es un sistema alimentario sostenible y saludable?

Una alimentación adecuada y saludable es esencial para la salud, bienestar y desarrollo de las personas. Todos tenemos el derecho a disfrutar de una alimentación variada, segura y balanceada que contribuya con el logro de una vida sana y activa, acorde con nuestra cultura alimentaria. Para ello es muy importante tener una mirada integral del sistema alimentario al cual pertenecemos, con el objetivo de contribuir en la generación de cambios que permitan su sostenibilidad, y el desarrollo de entornos más saludables. Un sistema alimentario, según la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, está integrado por las personas, el medio ambiente, los recursos, los procesos, las instituciones e infraestructuras que están ligadas directa o indirectamente con la alimentación. Abarca todas las actividades relacionadas con la producción, procesamiento, distribución, preparación y consumo de alimentos. Todo ello tiene un impacto directo en la nutrición, salud, crecimiento socioeconómico, equidad y sostenibilidad ambiental (FAO, 2017). Así, un sistema alimentario es sostenible en la medida en que se puede garantizar la seguridad alimentaria y la nutrición para todos, y no se comprometan las bases económicas, sociales y ambientales para las futuras generaciones. Ello implica un fuerte compromiso por parte de los Estados, las instituciones, organizaciones, comunidades, familias e individuos, y abarca desde el ámbito local hasta el global. No basta con una acción aislada, dado que se requiere una visión integral que incluya todos los componentes del sistema alimentario, de tal forma que se logre un desarrollo armonioso, y se lleven a cabo acciones efectivas permanentes en los diferentes niveles a lo largo del tiempo (FAO, 2020). La necesidad de alimentarse cada día, ha llevado a las personas a resolver la tarea siguiendo distintas vías, con la adopción de prácticas alimentarias que pueden favorecer o atentar contra los ecosistemas, el ambiente y la salud. Se presenta el reto de ampliar la mirada sobre lo que es un sistema alimentario, más allá del ámbito individual, puesto que es insuficiente pensar que la necesidad de alimentación se resuelve con contar con un plato de comida en la mesa, sin estar consciente del recorrido trazado para ese alimento desde el campo hasta la mesa. Se requiere reconocer el valor de su integridad, inocuidad, y el simbolismo cultural y familiar que representa, lo cual nos brinda sentido de pertenencia a un territorio y a la historia construida colectivamente. Actualmente, los avances científicos y tecnológicos en la producción de alimentos, así como el impulso de mercados globalizados para satisfacer las grandes demandas alimentarias, han contribuido con el desarrollo de “sistemas alimentarios globalizados” (Soares et.al, 2020). Las demandas crecientes de alimentos ha llevado a la intensificación de la producción alimentaria basada en la tecnificación de procesos, monocultivos e industrialización a gran escala. La aplicación de métodos y procesos industriales, y la producción a gran escala, pueden afectar de manera directa el ambiente y la salud de las personas. Se presenta un manejo inadecuado de los suelos y fuentes de agua, así como un alto uso de agroquímicos y pesticidas, lo cual aunado a la mecanización de la agricultura atenta con familias de pequeños agricultores, y las prácticas tradicionales y conservación de la biodiversidad alimentaria (FAO, 2017).

El procesamiento industrial y la aplicación de métodos de conservación con sustancias químicas produce transformaciones drásticas del alimento que alteran su composición nutricional, lo cual se une también al uso de sustancias contaminantes y empaques no biodegradables que alteran los ecosistemas (Soares et.al, 2020). En relación con la cocina y la conservación de las tradiciones alimentarias, los cambios en los estilos de vida, aunado al procesamiento industrial de alimentos y globalización alimentaria, han generado cambios importantes en la alimentación de las personas, con un menor interés por cocinar y una mayor dependencia hacia los alimentos importados, e incremento del consumo de alimentos preparados fuera de casa o productos industrializados listos para consumir. Ello genera consecuencias ambientales, sociales y de salud sin precedentes (Soares et al., 2020). En el contexto actual, es altamente importante favorecer sistemas alimentarios que permitan a las personas alimentarse bien en toda la extensión de la palabra, con la oportunidad de acceder a alimentos seguros y nutritivos, con un manejo seguro de los recursos disponibles, y evitando al máximo las pérdidas y el desperdicio. Entonces, estaríamos bajo principios fundamentales tales como la equidad y la inclusividad, al reconocer que la alimentación es un derecho humano que todos deberíamos defender y garantizar, principalmente en momentos de crisis. Solventar la necesidad de alimentarse también está ligada a otros derechos igualmente trascendentales, como el derecho a la salud, a la educación, a una vivienda donde resguardarse de forma segura, al acceso a agua potable… en fin, a todos aquellos aspectos determinantes de una vida digna. Alimentarse de forma segura, sana y sostenible está asociada con la protección de la biodiversidad alimentaria y la producción local; asimismo con la protección del ambiente y el recurso hídrico.

¿Cuáles podrían ser nuestros aportes para lograr sistemas alimentarios sostenibles y saludables?

Para lograr sistemas alimentarios sostenibles y saludables, lo primero es contar con personas informadas, convencidas y comprometidas, para que desde su entorno inmediato, sea en sus propias familias, comunidades, organizaciones e instituciones donde se desenvuelvan, aporten de forma positiva para alcanzar las metas deseadas. Costa Rica requiere fortalecer las políticas públicas, la legislación y el seguimiento de programas y proyectos que contribuyan a promover prácticas agrícolas amigables con el ambiente, mejoras en la producción agrícola sostenible, la protección de las semillas, la protección de la agricultura familiar, y el desarrollo de mercados más solidarios y justos. Se deben favorecer entornos alimentarios que contribuyan a la adopción de dietas más saludables, y reforzar la educación alimentaria y nutricional que contribuya con las transformaciones en los estilos de alimentación, en la búsqueda de dietas nutricional y culturalmente aceptables. Para lograr lo anterior, y desde el ámbito personal y familiar, deberíamos mostrar mayor interés y compromiso por la adopción de prácticas alimentarias que contribuyan con la salud, la sostenibilidad ambiental, el desarrollo local, y la resiliencia. Lo anterior, en un tiempo donde es altamente necesario el apoyo entre todos. Pensar en la alimentación de hoy también nos compromete con el futuro, y el bienestar de las generaciones venideras. A continuación se presentan algunas recomendaciones que podríamos tomar en cuenta si queremos contribuir con lo anterior: • Fomentar la lactancia materna y una alimentación complementaria apropiada que contribuya a la salud de la población infantil.

Promover la conservación y promoción de tradiciones alimentarias como un tesoro y un legado de nuestros ancestros, las cuales son la base para el fomento de dietas saludables y sostenibles. • Apoyar iniciativas de producción de alimentos en las propias familias, vecinos, comunidades y centros escolares. La producción puede ir desde la siembra de plantas aromáticas en macetas, hasta huertas que brinden alimento a un grupo mayor de personas. • Generar acciones que contribuyan a la protección de la biodiversidad alimentaria de nuestras comunidades, la conservación de semillas y de las fuentes de agua, de beneficio para todos. • Adquirir alimentos frescos producidos localmente, con el fin de reducir el impacto en la huella de carbono, y la producción local. • Preferir alimentos nutritivos, con el mínimo procesamiento y producidos localmente en condiciones óptimas, lo que implica el mayor acercamiento al productor y una mayor conciencia de lo que estamos consumiendo a precios justos. • Reducir las pérdidas y el desperdicio de alimentos en el hogar. Hay que ser creativo en la cocina y aprovechar al máximo los productos alimenticios en la elaboración de recetas nutritivas y de bajo costo. • Contribuir con los bancos de alimentos establecidos en la comunidad para personas con bajos recursos, en caso de que dispongamos productos en buen estado para donación.

Referencias bibliográficas

FAO (2017). Reflexiones sobre el sistema alimentario y perspectivas para alcanzar la sostenibilidad en América Latina y el Caribe. Chile: Oficina Regional Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación. Recuperado de http://www.fao.org/3/i7053s/i7053s.pdf Ministerio de Salud (2021). Comunicado oficial sobre la Semana Nacional de la Nutrición 2021. San José: Comisión Nacional de Guías Alimentarias de Costa Rica. Soares, Panmela, Almendra-Pegueros, Rafael, Benítez Brito, Néstor, Fernández-Villa, Tania, Lozano-Lorca, Macarena, Valera-Gran, Desirée, & Navarrete-Muñoz, Eva María. (2020). Sistemas alimentarios sostenibles para una alimentación saludable. Revista Española de Nutrición Humana y Dietética, 24(2), 87-89. Epub 11 de enero de 2021.https://dx.doi.org/10.14306/renhyd.24.2.1058